sábado, 24 de abril de 2010

Línea


Hipnotizado por la línea, se quedó un buen rato observándola. Era perfecta, obra de un buen pulso. Pintada sobre el suelo de gravilla, delimitaba dos terrenos totalmente distintos. Y él debía cruzarla. Había llegado hasta allí, y debía hacerlo. Pero la línea lo miraba, intimidante. Le sostenía la mirada, y el hombre no pestañeaba. Congelado, sintiendo un escalofrío recorrer su columna vertebral, simplemente estaba allí parado, con sus ojos clavados en ella. Y ella esperaba, desafiante. Contrajo un músculo y, aún hipnotizado por aquella recta marfil, puso un pie delante del otro y avanzó.
Diez policías armados cayeron sobre el preso que no había terminado de escapar. La línea sonrió, satisfecha.

Rocío Foltran

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