lunes, 16 de noviembre de 2009

Ejecución de una mariposa.


Mari posó sus ojos en la afilada cuchilla. El viento soplaba, las hojas caían, los pájaros cantaban, el arrollo corría. Y luego el silencio. ¡¡Oh silencio!! ¡¡¡Oh mundo mudo!!! ¿¡¿Dónde han ido a parar tus sonidos?!? Entonces las nubes se juntaron y el mundo lloró sus lágrimas sobre el río rojo.

Rocío Foltran.

domingo, 1 de noviembre de 2009

La Sociedad


Nuevo día. Nuevo sol. Nuevas luces que posan su resplandor sobre viejas calles. Viejos edificios. Viejas plazas. Viejos negocios. Vieja ciudad. Vieja sociedad. Vieja monotonía.
El movimiento empieza a las 6. Antes, silencio. Silencio sepulcral. Sepulcral silencio. Uno a uno, pequeños ruiditos despiertan la ciudad. Monótono. Diez, cien, mil, personas. Una a una, abriendo los ojos y levantándose de su lecho. Algunos preferirían morir en él.
Nuevo día. Nuevo sol. Nuevas luces que posan su resplandor sobre viejas calles. Viejos edificios. Viejas plazas. Viejos negocios. Vieja ciudad. Vieja sociedad. Vieja monotonía.
Igualdad. Cada persona se asea, se viste, tiende la cama. Tal vez nunca la vuelvan a tocar. Con idénticos movimientos pesados y sombríos, van a sus cocinas y desayunan. A las 7 de la mañana, no hay nadie en las calles. No hay nadie en las camas. Hay en las cocinas. Todas iguales. Todas monótonas. Todas marionetas de una lejana esclavitud.
Nuevo día. Nuevo sol. Nuevas luces que posan su resplandor sobre viejas calles. Viejos edificios. Viejas plazas. Viejos negocios. Vieja ciudad. Vieja sociedad. Vieja monotonía.
Ni una gota de café fuera de las tazas. Ni una miga de galletas en la mesa. Nada fuera de lugar. Todo se ordena y se limpia. La cocina queda impecable. Tal vez nunca la vuelvan a pisar. Con idénticos movimientos se cepillan los dientes. Se peinan, si necesitan. Toman sus abrigos. Toman sus llaves. Antes de abrir la puerta a la calle, todos respiran profundo. Tal vez nunca lo vuelvan a hacer. Con miradas sombrías, se preparan para rehacer su rutina. Las manos se posan sobre los pomos de todas las puertas. Nadie desea abrirlas. Nadie desea ver qué hay del otro lado. Aunque ya lo sepan. Aunque, tal vez, nunca más lo vuelvan a ver.
Nuevo día. Nuevo sol. Nuevas luces que posan su resplandor sobre viejas calles. Viejos edificios. Viejas plazas. Viejos negocios. Vieja ciudad. Vieja sociedad. Vieja monotonía. Pero hoy es un día distinto.
Al abrir las puertas, descubren que el sol brilla más. El aire es más puro. Los pájaros… ¡Oh, Dios santo! Los pájaros cantan. ¡Qué música tan bella producen aquellos animalitos! De repente todos recuerdan haberla escuchado antes. Casi se habían olvidado, pues todo parece muy lejano. Un ruido diferente resuena en la ciudad. Un ruido majestuoso, sonoro, alegre, quizá. Es una trompeta. Pero una diferente a la que venían escuchando desde no se sabe cuando. Una a una, sonrisas de alivio se dibujan en las caras de todas las personas. Marchan despacio hacia la casa de gobierno, con el corazón en la garganta. No puede ser verdad. Al llegar, descubren que todo cambió. Ya no es blanco y negro. Ahora hay color. Adiós para siempre, régimen.
Nuevo día. Nuevo sol. Nuevas luces que posan su resplandor sobre viejas calles. Viejos edificios. Viejas plazas. Viejos negocios. Vieja ciudad… Nueva sociedad. Adiós, monotonía.

Rocío Foltran