
Clara se inclinó sobre la gran caja azul que guardaba sobre el estante más alto del ropero. La había bajado y ahora sacaba su contenido y lo examinaba cuidadosamente. Para lo último dejó un gran álbum de fotos forrado de tela blanca. Lo abrió y encontró a su madre, en su vestido de boda. Corrió las páginas y encontró la foto más bella de todas. Su madre y su padre, juntos y felices. Clara sonrió. Ahora sabía cómo ella se sentía en aquel momento, mientras miraba a la cámara de la mano del hombre que amaba. Sabía cómo era tener el corazón lleno y alegre, satisfecho, cómo era tener un hombro sobre el que descansar cuando la vida te lastima, unos brazos para rodearte cuando necesitas consuelo, y una boca para susurrarte palabras de cariño. Porque aunque el destino seguía siendo tan engañoso y complicado, ahora lo tenía a él, su luz en la oscuridad. Sabía que aunque todo estuviera mal, aunque la vida quisiera hacerla sufrir, él estaba ahí, siempre ahí, para ella. Y no había sentimiento más lindo que ese.
R. B. Foltran
